lunes, 31 de agosto de 2026

Pablo, duque de Arrakis

Más allá del propio gol, anotado en los estertores del partido que es cuando mejor saben los goles aunque se sufra como solo sabemos sufrir los béticos, más allá de la técnica y el planteamiento y más allá del propio gol en sí, está ese niño de plazoleta. Pablo García sabe de fútbol de albero y de rodillas con postillas, sabe por donde mira el Betis de verdad, ése que duele, porque se ha criado mecido por sus trece barras entre las avenidas de un barrio obrero. Lo sabe porque llega pre-benjamín al equipo que ahora a su padre le saca las lágrimas, unas lágrimas que van más allá del propio orgullo de padre, porque son lágrimas de Manquepierda de verdad, del que sabe del luchar sin cesar hasta que llegase el gol que todo lo pusiera en su sitio, como así ha sido. Un gol que rubrica la historia, tras haber marcado en todos los estamentos, le faltaba marcar en liga y en Valencia cerró su círculo, que espero que no sea el nuestro. Quien parecía despedirse ante la Real Sociedad, se encargó de encender la traca final en Valencia y dejar una nota con su nombre, su ceja y su pelo amarillo en el vestuario, para que lo leyese quien lo tuviese que leer. Y luego, más allá del propio gol, está el abrazo de su madre, esa emoción callada e incontenible de los adentros que explota cuando todo ha merecido la pena. Cuántas rodilleras habrá cosido, cuántas botas llenas de albero habrá limpiado, cuántas lágrimas habrá consolado, cuántos macutos habrá quitado de enmedio, cuántos goles fallados habrá escuchado, cuántas camisetas verdiblancas la habrán escuchado convencerse de que tarde o temprano, llegaría, como ha llegado. Y allí estaba ella, saliendo a sus brazos en el aeropuerto para darle los tres puntos por un gol por la escuadra marcado desde los adentros para los suyos, los béticos de su familia, los de su barrio, los de su equipo y los que le alentamos, y que se queda ahí donde su padre sabe que su hijo lleva a su Betis. Del Parque Alcosa a la historia bética; desde pre-benjamín a la noche valenciana con el primer equipo, el primero en hacerlo, casi ná.


Pablo fue como el protagonista de Dune, quien a pesar de no haber encontrado su sitio definitivo es el encargado de devolver al paraíso verde a los suyos, exiliados tras tantos años de oscuridad y cavernas. Permítanme el símil, me lo facilitó mi hijo, gran cinéfilo, mejor bético y excelente futbolista de barrio como Pablo, a cuya madre también me parecí alguna vez, cuando Paul, duque de Arrakis toma el control frente a los líderes Fremen entonando aquella frase; Con la mano de dios como testigo, yo soy la voz del mundo exterior ¡Yo los guiaré al paraíso!” 

(Publicado en Sentir Bético el miércoles 26 de agosto de 2026) 


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