Un señor se cayó al intentar pasar entre dos tiendas de campaña, "menos mal que hay un colchón" le apuntaba alguien a lo lejos.También a lo lejos, desde la azotea del lujoso hotel, alguien ajeno en bañador observaba los problemas, igual de ajenos.
Mi Lola, protagonista de su propio futuro, lo recogía todo con su cámara analógica, como uno de los ejercicios de la asignatura del grado de Bellas Artes que cursa. Después de hacerme un posado pactado, fuimos a ver las fotos que alguien a finales de los 70, hizo igual que ella. La exposición "Maquinaciones para un decenio" de Pive Amador, en la cercana sala Atín Aya. Un mariachi cantaba a unos extranjeros sentados en los veladores de la cafetería donde ya no sirven calentitos, pero sí brunchs y cosas de esas raras, mientras un chico hacía algo parecido al break dance junto a una señora en silla de ruedas muy elegante a pesar de su cable en la nariz, mientras su cuidadora sonreía, también ajena a todo.
Cua
ndo volvió a la Facultad, yo me fui con mi bici a la Macarena, a ver al señor de la Sentencia, que estaba en besamanos, donde me encontré a Marisa, una sevillana de Madrid o viceversa, que una vez jubilada, solo quería bajar de Madrid a Sevilla, porque los viernes del señor son los viernes del Señor y el resto, son maquinaciones para un dos de octubre.


