Desde el autobús la lluvia se confunde con la playa de Leblón, en Brasil, donde leo que una canción conocidísima estaba dedicada a un futbolista del Flamingo tras un golazo antológico al Benfica allá por 1972. La lluvia arrecia y en mi mente suena el Fio Maravilha con la fascinación del descubrimiento.
Leo, entre frenazos, entre gente que sube, que baja, que habla, que mira el móvil, que porta paraguas mojados. A mi lado, una chica con aparatosos auriculares me aparta de mi ensoñación carioca, el ruido de su aislamiento me desconcentra. Cierro el libro con el dedo marcando la página, miro por los cristales para saber por dónde voy y me acuerdo de aquellas tardes de lluvia de mis escasos diez años cuando mi madre nos pegaba a la ventana a mi hermana y a mí para que creciésemos sin miedo a las tormentas. También aquellos días de lluvia tenían su música en el tocadiscos de mi padre, tan antiguo, tan aparatoso, con las canciones de Peret, los Amaya o los Payasos, que sabían a pan con nocilla.
Veinte minutos después aún sigo en el autobús, la chica de los auriculares se bajó y he vuelto a la playa de Brasil, mejor no perder la calma además del tiempo en los autobuses cuando llueve, por ello apelo a Miguel Ríos, que vívía en la carretera, dentro de un autobús, aparcado en un blues y siempre mirando al sur, pero lo mío con Tussam es una relación más compleja. El chófer lo remedia en parte sin darse cuenta, tiene un pequeño transistor en su habitáculo por donde el riff de guitarra del sweet child of mine me ilumina, trayéndome el sol y la escena bucólica del Betis saltando al campo a calentar, que siempre lo hace con la misma sintonía y qué cosas, también suena en la sala de radiología donde me hago una mamografía. Es agradable oír a los Guns and Roses en una consulta médica, flojito, a lo lejos y que Axel Roses alivie ese estado de vulnerabilidad absoluta.
Un hombre triste toca La chica de Ipanema con una flauta en un triste paso de peatones sin que nadie le eche cuenta, salvo yo, que vuelvo a acordarme de Brasil bajo mi paraguas. Al llegar de nuevo a la parada, veo que al 12 le quedan trece minutos, saco mi libro y vuelvo a la arena caliente de Brasil y sale el sol en mi corazón, como en la canción de Boney M, como en la de George Harrison, como en la playa de Leblón, donde un día de lluvia en un autobús leí que una canción me contó, que un futbolista le marcó un golazo al Benfica, pocos años antes de que mi madre me enseñara a no temer a las tormentas.
* Aún estoy aquí, Marcelo Rubens Paiva.
* Joâo Batista de Sales, futbolista. Jorge Ben Jor, cantante y autor de la canción Fio Maravilha.
