Carolina me espera para que le firme un libro. Mientras le escribo con tinta verde la dedicatoria que merece, me miro en sus verdes ojos de bética de la novena provincia, de ésas privilegiadas a las que el Betis elige sin motivo alguno, porque sí y mientras conversamos, se tiñe de verde y blanco el páramo desolado e intransitable que hemos pintado del color de la alegría. Se ofrece ante nosotros sabiendo que vamos a inundarlo con la emoción que llevamos encima, la de este uno de enero del almanaque bético, la de este kilómetro cero o este volver a empezar lo que no se ha finalizado. Son las cosas del Betis, pienso.
Nos aguarda entre esa mole de hormigón desangelada a la que le hemos prestado el alma, como un exilio, como esa casa que te acoge pero no es la tuya. Y también le hemos prestado el pulso, el aliento, el calor, la pasión, la respiración y por si le hiciera falta, el corazón. Y el color. El de esa marea verde que tiñe de más verde el parque, por donde corren los dorsales de los niños y conforma el verde y blanco definitivo de la grada. Un año más, nos abrazamos en el reencuentro, sabiendo que nos aguarda la ilusión y nos emocionamos ante alguna ausencia que duele mientras el minuto de silencio se llena de pensamientos al cuarto anillo. Los sones del himno a piano nos devuelven a ellos, a ellas, los que nos llevaron allí, los que nos hicieron, los que nos alentaron, los que nos miraron con los ojos por donde mira el Betis. 
Adriana, con seis meses de vida, va a mirar por primera vez con esos ojos, y verá a los béticos a los que el Betis elige sin motivo alguno y a los que nos dejaron el testigo, a los que nos llevaron de la mano, nos compraron la primera bufanda y nos legaron este privilegio y este orgullo de ser bético, de ser bética. Su madre la lleva a respirar el verde por primera vez para que cuando sea mayor le cuenten que aquel su primer partido de liga fue un viernes de agosto ante casi 60.000 personas, donde Rodrigo Riquelme marcó un golazo a pase de Cucho que se convirtió en la primera victoria de la temporada ilusionante, la primera de Adriana, teñida además, de ese verde de los verdes campos de la mía California...
(Publicado en Sentir Bético el 23 de agosto de 2026)

